Cuando los meteorólogos anuncian un anticiclón, sabemos que nos espera un tiempo despejado y estable, apacible y caluroso en verano y, en todo caso, sin lluvia. Justamente lo contrario de una borrasca. En las Azores se origina un anticiclón que afecta directamente a nuestro clima y en las Azores precisamente -y con buen tiempo, por cierto-, se celebró la Asamblea General de la Conferencia de Regiones Periféricas Marítimas de Europa que anuncié en mi post anterior.

Fue una reunión muy interesante. Productiva. Y predictiva. Explico esto último: la futura política de cohesión europea más allá de 2020 ya se está negociando y ello afecta directamente a las regiones europeas y a la inversión en apoyo de los presupuestos públicos. Las regiones periféricas marítimas europeas reunidas compartimos, entre otras cuestiones, la inquietud sobre la política marítima integrada y el crecimiento azul para desarrollar el potencial de los océanos como fuente de riqueza y empleo. O la necesidad de un transporte que potencie la accesibilidad de las regiones periféricas y desarrolle los grandes corredores europeos y las conexiones con nuestros puertos y con las áreas más periféricas.

Pero en esa tierra de anticiclón, en las bellas islas Azores, todas las personas allí citadas éramos conscientes de la borrasca que amenaza a Europa y ensombrece el futuro de este gran proyecto compartido: el Brexit, el populismo antieuropeo, la pésima gestión de la crisis de los refugiados, la crisis económica, la deuda pública… Y la incapacidad de la UE para transmitir los logros y beneficios de la unión y de un proyecto de responsabilidad compartida, en el que las decisiones se toman colectivamente. Un fracaso en la política de comunicación que bloquea que los mensajes positivos -los beneficios de un continente unido- lleguen sin distorsión a la ciudadanía. Frente a ello, en Azores decidimos movilizarnos y actuar, adoptando una posición activa y decidida. La fuerza de un anticiclón para alejar la borrasca.