La semana pasada participe en una reunión de cooperación bilateral organizada en Limoges por el CESER de Nouvelle Aquitaine, nuestra organización homónima en esa nueva división administrativa francesa que engloba a Aquitania, Limousin y Poitou-Charentes, de la que ya hablé en una entrada anterior en este blog.

La reunión se inscribe en los trabajos preliminares que estamos realizando sobre innovación y transferencia de tecnología, con el objetivo futuro de rubricar un informe conjunto. En este contexto, visitamos el Pôle de Competitivité de la cerámica Elopsys, ubicado en el Parque Tecnológico ESTER Tecnopole de Limoges. Quedé realmente sorprendido en esta visita, al comprobar in situ los avances que han implantado en materia de innovación y de fabricación avanzada aplicada a la industria de la cerámica.

Limoges fue cuna de la cerámica artesanal y llegó a emplear, en sus mejores tiempos, a 20.000 personas. Hoy, tan sólo quedan cuatro maestros artesanos y menos de mil personas fabricando artesanalmente las famosas vajillas de Limoges. Se han especializado en el segmento de la cerámica de lujo. Pero al margen de esta fabricación artesanal, la innovación ha conseguido reinventar la industria de la cerámica en Limoges. Una innovación aplicada que permite, por ejemplo, fabricar micropiezas de cerámica para marcapasos. O producir -en fase experimental todavía-, piezas de cerámica para los reactores nucleares franceses. Un interesantísimo nicho de mercado, dado que la cerámica soporta muy bien el calor y podría utilizarse en un futuro para recubrir los almacenes de residuos nucleares, entre otros usos avanzados. ¿Quién hubiera imaginado que el modesto barro alfarero rodearía algún día los restos de la fisión nuclear?