Recientemente acudí al Parlamento al frente de una delegación del CES para entregar a la presidenta nuestra Memoria Anual de Actividades, un acto institucional y protocolario que repetimos cada año. En la sede parlamentaria nos recibió la presidenta Bakartxo Tejería. Fue un encuentro muy agradable y, también, un motivo de reflexión posterior que quiero compartir en esta entrada.

Oír en boca de la presidenta que los dictámenes del CES son recibidos con mucho interés por los parlamentarios y parlamentarias –“los utilizan a menudo en su trabajo en la Cámara”, nos dijo-, fue muy agradable. Me alegra que las autoridades legislativas aprecien la utilidad de nuestros dictámenes preceptivos sobre los proyectos del Gobierno Vasco relacionados con la política económica y social. Sin duda, esta es una parte sustancial de nuestra actividad; probablemente sea la más difundida, pero no es la única, ni mucho menos.

En sucesivas entradas me referiré a esas otras labores, pero en ésta quisiera limitarme a resaltar una idea: el Consejo Económico y Social recoge el consenso de un extenso y variado abanico de agentes de la vida económica y social vasca, pero no se limita a ser el órgano consultivo del Gobierno Vasco sobre estas materias, sino que también lo es del Parlamento Vasco. Sin embargo, es un hecho que el Parlamento no ha recurrido motu propio al CES para dirigirle consulta alguna durante estos años.

Al finalizar el encuentro, la señora Tejería nos dirigió un entrañable “¡Hasta siempre!”, que sonó a despedida. Ciertamente, la legislatura actual enfila ya el último tramo y mi deseo en este momento es que el documento de balance que presentemos en la próxima visita institucional a esta cámara incluya nuevas actuaciones derivadas de nuestra actividad como órgano consultivo del Parlamento Vasco.