Acabo de leer el informe que hizo público el viernes de la semana pasada la Fundación BBVA sobre “Distribución de la Renta, Crisis Económica y Políticas Redistributivas”. El trabajo, dirigido por los expertos del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, IVIE, abarca una década y, como es previsible, los indicadores se deterioran a partir de 2008 por los efectos de la crisis económica. El estudio refleja un empeoramiento, aunque amortiguado, del reparto de la renta en España, al igual que ha sucedido en el País Vasco, como se explica en el apartado “Condiciones de Vida” de la Memoria Socioeconómica 2015 del CES Vasco, cuyo avance puede ser consultado en nuestro último boletín informativo.

En el lado positivo de este apartado sobre las condiciones de vida, se consolidan unos indicadores que evolucionan favorablemente: disminuyen la pobreza y la exclusión, en línea con el cambio de tendencia iniciado en Europa en 2013. Desde ese año, el indicador mencionado ha caído un punto y medio en Euskadi y representa actualmente el 15,3% de la población vasca, un porcentaje similar al de Suecia o Finlandia. Puede que a algunos les parezca extraño que nuestro índice de pobreza y exclusión se asemeje al de dos países paradigmáticos de la sociedad del bienestar, pero estos indicadores deben ser entendidos en términos relativos y nunca como absolutos. Sirven para medir la desigualdad en un territorio determinado y reflejan las rentas bajas en ese ámbito comparativo, lo que no significa necesariamente que el porcentaje de población afectada esté al límite de la pobreza real o de las carencias subsistenciales. Por cierto, el indicador de pobreza y exclusión vasco también está por debajo de la media española (29,2%) y de la europea (24,4%), según los datos del Eurostat y del INE.