Europa se ha marcado como objetivo global alcanzar el 3% del PIB en investigación y desarrollo. La situación de partida es muy desigual según los países y, en consecuencia, las metas específicas difieren en cada uno de ellos. En el caso de los países más avanzados, como Finlandia, Suecia o Dinamarca, ya han propasado el objetivo europeo en la actualidad; Austria y Alemania rozan el listón con la yema de los dedos. En el caso de España, el objetivo se ha fijado en el 2% para el año 2020.

En la CAPV representó el 1,93% en 2014; por debajo del año anterior, según se refleja en la “Memoria Socioeconómica del CAPV 2015”, editada por el Consejo Económico y Social vasco. En 2014, las actividades de I+D en Euskadi supusieron una inversión de 1.298,8 millones de euros (Eustat); un 2,1% menos que en 2013, que ya representó un punto de inflexión importante. El porcentaje supuso un gasto per cápita de 594,8 euros, frente a los 605,2 del año precedente.

Nuestra comunidad autónoma aún está lejos del objetivo europeo y esta situación requiere de una atención especial por parte de los poderes públicos y por parte de todos los agentes económicos y sociales intervinientes, tal y como ha reiterado el CES. Si disponemos de unos recursos económicos, técnicos y humanos para las actividades de I+D equiparables a los de los países de referencia, ¿por qué no obtenemos los mismo resultados? ¿Cuáles son las causas por las que un mayor esfuerzo inversor no se traduzca, por ejemplo, en un mayor número de patentes, que constituyen un indicador tradicional en esta materia? El debate está pendiente y urge abordarlo y resolverlo de la mejor manera posible para que nuestro tejido empresarial compita con fuerza en el escenario de la actual economía globalizada.