El fabricante de componentes de automoción Gestamp inauguró la semana pasada su puntero centro de formación en Amorebieta, ubicado en unas instalaciones que tuvimos el gusto de conocer en julio pasado en una visita a la que acudimos como CES vasco, acompañados de nuestros homónimos del CESER de Aquitania-Limousin-Poitou-Charentes, tras una reunión de trabajo entre ambos Consejos, que versó sobre la innovación, la transferencia de tecnología y lo que se denomina Fabricación Avanzada. Para poner colofón a una reunión de esta naturaleza, nada más apropiado que una visita a Gestamp, una empresa que ahora ha anunciado que el próximo año sacará a bolsa un tercio de su capital aproximadamente. No colocarán más, porque la familia propietaria quiere seguir manteniendo el control de la compañía a largo plazo.

Gestamp emplea a más de treinta mil personas en todo el mundo y cuenta con casi un centenar de plantas industriales, cinco de ellas en Euskadi, que serán seis cuando finalice la construcción en marcha en Rivabellosa. Cuando salga a bolsa, Gestamp se convertirá en la cuarta mayor cotizada vasca por volumen y en la primera si nos atenemos a su carácter de empresa familiar.

Las empresas familiares no tienen un límite de tamaño, aunque a menudo tendemos a identificarlas con un pequeño negocio, con la tienda de la esquina. Sin embargo, pueden ser grandes, como Gestamp, o incluso enormes, como la cadena estadounidense de almacenes Walmart, fundada por la familia Walton en Arkansas hace poco más de 50 años y cuyas cifras de empleo y facturación actuales producen vértigo: 2,2 millones de personas empleadas y 250.000 millones de dólares de facturación.

BMW, Volkswagen, Samsung, Arcelor Mittal… también son grandes empresas familiares. Como lo son Inditex, Mercadona o El Corte Inglés en España, donde cerca del 90% de las empresas son familiares y concentran en conjunto casi el 70% del empleo privado.

Al margen de su tamaño, las empresas familiares comparten una idiosincrasia singular y creo saber de lo que hablo, porque lo conozco de primera mano. Por lo común, tienen una visión a largo plazo -con el objetivo de transmitir la compañía a la próxima generación-, ponderan la cultura del esfuerzo y establecen un vínculo estrecho con el territorio en que se ubican y con las personas que emplean. De sus carencias y de sus problemas, que no son escasos, hablaremos en otra ocasión.