La semana pasada acudimos a Bruselas para presentar en la sede del Comité Económico y Social Europeo el informe preparado por la Red Transnacional Atlántica en el que hace balance hasta el momento de la Estrategia Atlántica de la Comisión Europea. Esta estrategia macrorregional para la fachada atlántica se presentó a finales de 2011 y dos años después se publicó su Plan de Acción 2014-2020, que ahora atraviesa el ecuador temporal y es, por lo tanto, el momento del balance. El título del informe de la RTA es explícito al respecto: “Propuestas de la sociedad civil para una mejor implementación de la Estrategia Atlántica de cara a la revisión intermedia de su Plan de Acción”. La Dirección General de Asuntos Marítimos y Pesca de la Comisión Europea está evaluando el Plan de Acción a medio plazo de su vigencia y, a buen seguro, el informe de la RTA ha de serle útil, como ya lo fue el anterior, que presentamos a comienzos de 2015, en la fase de lanzamiento del Plan de Acción.

En mi entrada anterior, publicada en este blog sobre la presentación del informe de la RTA, destaqué las dos características que, en mi opinión, definen el estudio: la transversalidad en el enfoque y la consulta in situ a los agentes socioeconómicos. El contacto directo de los consejos económicos y sociales con los actores de la vida económica y social de nuestras regiones facilita esto último; una cuestión que quise subrayar ante el auditorio reunido en la capital belga en mi intervención como presidente de la RTA. Allí expliqué que la capacidad de trasladar las inquietudes, expectativas y necesidades de los agentes económicos y sociales de las regiones que componen el Espacio Atlántico supone un activo diferencial de la RTA, que es muy apreciado por las organizaciones socio-profesionales de nuestras regiones, a las que no resulta fácil acceder al entramado europeo. La consulta directa a los agentes es la que nos ha permitido elaborar un informe práctico, con propuestas de mejora sobre las carencias detectadas en la implementación de la Estrategia Atlántica, como el todavía insuficiente grado de conocimiento entre los agentes afectados o la complicada financiación de los proyectos directamente vinculados a la Estrategia Atlántica, al no existir un fondo específico para los mismos.