En general, la situación social y económica del País Vasco va a mejor en los últimos años, aunque todavía estamos lejos de recuperar el nivel anterior al de la crisis económica. Mejoran la mayor parte de los aspectos socioeconómicos, pero lentamente. Es la conclusión a la que se llega tras leer las últimas Memorias Socioeconómicas que el Consejo Económico y Social vasco publica anualmente. La última de ellas, correspondiente al año 2017, fue publicada el pasado 10 de julio.
En el texto de presentación que escribí para esa memoria califiqué el año 2017 como un ejercicio positivo, en rasgos generales, para la economía vasca. Crecieron la actividad económica y el empleo, aunque el consumo y la inversión en bienes de equipo registraron una fortaleza menor. También subrayé uno de los déficits preocupantes que apunta la Memoria del CES y que nos sitúa por encima de la media española y europea. Me refiero a nuestra dependencia energética, sobre la que las subidas del Brent nos alertan aún más y pueden retrasar la recuperación. Debemos apostar por un cambio de modelo energético, que sea más eficiente y que sea sostenible. Y avanzar al tiempo hacia una estructura productiva que supere la escasa dimensión actual y nos habilite para crecer competitivamente y recuperar la riqueza y el empleo perdido con la crisis: más de cien mil puestos de trabajo en el cuatrienio 2009-2013; una décima parte del total del empleo en la comunidad autónoma. Con todo, en 2017 mejoraron la mayoría de los marcadores del mercado laboral, así como aquellos que retratan nuestras condiciones de vida, con un sistema de protección social equiparable al de los principales países europeos (aún sin haber recuperado el nivel anterior al de la crisis). En este ámbito, como en el resto, la Memoria Socioeconómica del CES contiene interesantes consideraciones. Sobre alguna de ellas, puntual, volveré en los próximos días.