Ayer miércoles acudí a Barcelona para asistir a una jornada sobre “Nuevos hábitos de consumo, cambios sociales y tecnológicos”, organizada conjuntamente por los CES de Catalunya y del Reino. Una cita para analizar y debatir las importantes transformaciones socioeconómicas que han tenido su reflejo en el ámbito del consumo en la sociedad española en los últimos años, según se especificaba en la convocatoria.

La jornada, celebrada en la sede del CTESC, el Consell de Treball, Econòmic i Social de Catalunya, no defraudó. Las reflexiones de los ponentes fueron de provecho y se abordaron las aristas de este nuevo tiempo tecnológico y poliédrico que ha generado nuevos hábitos sociales. Nuevos hábitos que se detallan certeramente en el informe elaborado por el CES de España y publicado el año pasado, con cuya presentación comenzó la jornada en la ciudad condal. En mi opinión, la virtud y el interés principal de este trabajo es que refleja nítidamente esos nuevos hábitos de consumo, conformados en un contexto de crisis económica, a pesar de la cual se ha multiplicado la oferta tecnológica, con productos cada vez más sofisticados. El desarrollo espectacular de los smartphones es un buen ejemplo de ello, como las redes sociales digitales lo son de una nueva forma de socialización. Y aquí topamos con la dichosa brecha digital: la que separa a los nativos e inmigrantes digitales de los refugiados digitales, que son aquellas personas que se mantienen al margen de la sociedad de la información, por incapacidad, temor u oposición a los cambios. En España, una quinta parte de la población adulta no usa Internet y entre quienes lo utilizan, uno de cada tres lo hace precariamente.

El Consejo Económico y Social vasco ha alertado en varias ocasiones sobre esta realidad. La sociedad de la información en Euskadi se mantiene lejos de los países de referencia -los del norte de Europa-, e incluso por debajo de la ratio de expansión europea en 2015, que era del 83% en la Unión Europea (Eurostat) y del 81% en la CAPV (Eustat). Esta diferencia, afortunadamente, se ha ido acortando desde 2012, lo que indica que debemos redoblar los esfuerzos para extender la sociedad de la información al máximo posible de la población.