Una de las principales carencias que tiene nuestra sociedad contemporánea es la falta de una visión a largo plazo. Incluso a medio plazo, me atrevería a decir. Es la ausencia de una perspectiva, la sumisión al estrecho y descarado cortoplacismo. Reflexionaba sobre esto hace unos días al escribir un breve texto de presentación de la Memoria de Actividades del Consejo Económico y Social vasco, que recoge lo que hicimos a lo largo del ejercicio pasado. Había recordado las palabras del filósofo Daniel Innerarity, que tuvo la amabilidad de ofrecernos una conferencia en julio del año pasado, cuando presentamos en un acto público en Bilbao la Memoria Socioeconómica que el Consejo publica puntualmente cada año. Innerarity disertó sobre la gobernanza posible y aludió a lo que me refería anteriormente, a esa incapacidad de la sociedad actual de abordar asuntos de futuro que requieran de una cierta perspectiva. Recordé sus reflexiones y, sobre ellas, quise poner en valor el papel de un órgano consultivo como el nuestro, cuya principal aportación reside, precisamente, en abordar los problemas con perspectiva. Y de hacerlo de una manera consensuada, tras un debate entre los diferentes puntos de vista legítimos de los agentes económicos y sociales del País Vasco. Un contraste que nos esforzamos por llevar a cabo sin las anteojeras del corto plazo, ni la presión del rédito inmediato.

El Consejo Económico y Social vasco es un foro que permite abordar los temas con una perspectiva. Un lugar en el que se debaten cuestiones muy diversas sobre la amplia temática económica y social que nos compete. Un órgano vivo, que desarrolla, motu propio, trabajos e investigaciones sobre temas candentes de actualidad. Un Consejo, en definitiva, con una voz personal en nuestra comunidad autónoma y, también, fuera de ella, en Europa. Les invito a que lo comprueben en esta Memoria de Actividades 2018 del CES vasco; un acta notarial que recoge nuestros quehaceres a lo largo de ese año.