Me refiero al estancamiento demográfico. Una cuestión preocupante, porque el crecimiento vegetativo negativo se está convirtiendo en un problema grave en el País Vasco. Esta variable se circunscribe a la diferencia entre nacimientos y defunciones, sin considerar los movimientos migratorios. En Euskadi este saldo fue negativo en 2016 por tercer año consecutivo. De nuevo aumentaron las defunciones entre una población envejecida y superaron el número de nacimientos.

También la Unión Europea presentó el año pasado, por primera vez, un crecimiento natural negativo que, afortunadamente, fue compensado por el fenómeno migratorio, como viene sucediendo desde hace varias décadas. Consulto los datos de la estadística Eurostat que publica la Memoria Socioeconómica 2016 del CES vasco y compruebo que la Unión Europea tenía 510 millones de habitantes a comienzos del año pasado, casi dos millones más que un año atrás, en 2015. La población europea mantiene esa tendencia de crecimiento ininterrumpido desde hace seis décadas -en 1960 tenía 400 millones de habitantes-, por mor de la inmigración.

La evolución demográfica negativa se acentuará en los próximos años. El INE estima que en el plazo de 15 años (2016-2031), España perderá más de medio millón de habitantes: un 1,2% de su población. De estos, 80.000 corresponderán a la CAPV, lo que equivale a un 3,7% de la población vasca.

El Consejo Económico y Social vasco está preocupado por esta evolución demográfica y por las tendencias que se apuntan para este futuro próximo. Así lo ha manifestado entre las consideraciones que incorpora la Memoria Socioeconómica antes mencionada, en la que pide a todos los agentes implicados, en particular a los poderes públicos, que presten una atención inmediata y prioritaria a esta cuestión, cuya deriva pone en riesgo la evolución futura de nuestra sociedad en condiciones de armonía y progreso.