En julio de 2010, las Naciones Unidas reconocieron el agua potable y el saneamiento básico como un derecho humano esencial. Según los cálculos de aquel año, 900 millones de personas en el mundo no tenían acceso al agua potable y muchas más carecían de un saneamiento básico. La cifra apenas ha menguado desde entonces. Disponer de agua en condiciones sigue siendo uno de los mayores problemas globales. En muchas regiones, una cuestión de vida o muerte: sequías que determinan hambrunas, aumento de la mortalidad por el consumo de aguas contaminadas…

En los países desarrollados los problemas del agua son otros. El acceso al agua para consumo humano y el saneamiento básico fueron resueltos a lo largo del siglo pasado. En Europa, la Directiva Marco del Agua, aprobada en el año 2000, tiene como objetivo garantizar la sostenibilidad de este bien ante el continuo crecimiento de su demanda. La directiva establece los principios fundamentales para una gestión moderna del agua, protegiendo las cuencas hidrográficas y haciendo hincapié en el valor del ciclo completo del agua.

En 2014 -según datos de la última “Encuesta sobre Suministro y Tratamiento del Agua”, realizada por el INE- disminuyó el consumo de agua en la CAPV con respecto al año anterior. Se consumieron 184,8 Hm3, un descenso del 3,9% sobre el de 2013 que se produjo en todos los ámbitos, tanto en los hogares vascos, como en la industria, los servicios, la agricultura, la ganadería y en los consumos municipales de riego y baldeo. La reducción en el consumo per cápita fue incluso mayor, con un decremento del 5,7% entre 2013 y 2014 y se situó nuevamente por debajo de la media española: 116 litros por habitante y día frente a 132 de media. Sin embargo, como advirtió oportunamente el Consejo Económico y Social vasco, las pérdidas en fugas, roturas y averías en la red de saneamiento se incrementaron de forma notable y representaron el 8,9%, casi dos punto y medio por encima de lo perdido en 2013. Un retroceso preocupante.