En las últimas horas han sido muy comentadas las declaraciones realizadas por el presidente del Consejo Económico y Social del Reino, Marcos Peña, sobre la necesidad urgente de reformar el sistema de pensiones. Mi colega las pronunció ayer, tras comparecer a puerta cerrada en calidad de experto ante la Comisión de Seguimiento del Pacto de Toledo.

Coincido con Peña en la urgencia de solventar este problema y en el modo de hacerlo: agarrando, de frente y decididamente, al amenazador morlaco por los cuernos. Es la única manera de frenar la inquietud y el alarmismo que el anuncio de la próxima sequía del Fondo de Reserva despierta en toda la sociedad y, especialmente, entre las personas pensionistas.

Quiero recordar que en el País Vasco el gasto total en pensiones aumentó un 3,2% en 2015 -el último año con la estadística completa-, con respecto al ejercicio anterior. La cantidad superó holgadamente los ocho mil millones de euros, que correspondieron a 530.000 personas beneficiarias de este derecho, un 1,2% más que en 2014.

Euskadi contribuye al saldo negativo de la caja. Según las cifras de 2014, último año del que disponemos de una información cerrada, el gasto en pensiones contributivas de la Seguridad Social fue de 7.900 millones en la CAPV y la recaudación de cuotas de la Tesorería General de la Seguridad Social sumó 6.450 millones en nuestra comunidad, con el consiguiente saldo negativo de 1.450 millones.

El Consejo Económico y Social vasco ha alertado reiteradamente sobre el resultado deficitario de este saldo que no es “meramente coyuntural, sino inherente a la estructura de un sistema de pensiones fundamentado en el principio de la actividad, por lo que no ha de posponerse el debate y toma en consideración, por parte de las Administraciones y Agentes Sociales, sobre los mecanismos para el sostenimiento del Sistema Público de Pensiones”. Lo dicho: asir al toro por los cuernos, de una vez por todas.