Es un problema europeo. La situación demográfica es una preocupación generalizada en la Unión Europea desde hace unos años. Y en el País Vasco, es notablemente mayor. El último Padrón Municipal (enero de 2018) reitera el estancamiento demográfico de nuestra comunidad y confirma, por cuarto año consecutivo, un saldo vegetativo negativo. Hay más defunciones que nacimientos en la CAPV y la tendencia que reflejan los datos que vamos conociendo no es halagüeña: en 2016 la cifra de nacimientos descendió un 3,2% con respecto al año anterior.

El Consejo Económico y Social vasco viene insistiendo sobre este asunto desde hace varios años. En nuestra última memoria socioeconómica, calificábamos la situación como “muy preocupante, necesitada de una respuesta urgente”. El CES entiende necesario un modelo general para el conjunto de la comunidad autónoma, que permita orientar de un modo más transversal y coordinado las políticas públicas en este campo. Los recientes pactos y estrategias para las familias y la infancia planteados por el gobierno y las instituciones vascas constituyen una oportunidad que nos puede conducir a la adopción de medidas que permitan revertir la actual situación demográfica. Debemos recordar y valorar que nuestro equilibrio demográfico se mantiene gracias a la población de origen extranjero. Su aportación económica y cultural supone una garantía demográfica, no sólo aquí, sino en toda Europa. De hecho, la población inmigrante es la que está permitiendo a la Unión Europea mantener su peso en el panorama internacional.

No quiero finalizar esta entrada sin resaltar un fenómeno relativamente novedoso, como es el de la salida de nuestra comunidad autónoma de personas con titulaciones superiores. Si esta tendencia continúa y se intensifica, nos enfrentaremos a un problema grave en términos cualitativos. Es por ello que debemos actuar a tiempo para analizar las causas de este fenómeno y adoptar las medidas de retención que frenen esta pérdida de capital humano.